Pasaron 10 años desde que se separaron. Eran muy chicos y habían decidido (no sé si es plural, pero prefiero pensarlo así) separarse, luego de dos años intrincados. Era lo mejor, mucho engaño y poco cuidado. Pero se querían, eso se veía.
Igual, adiós.
Los días comenzaron a sucederse.
Ella se fue, necesitaba dejar de una vez este pueblo desalmado y des-aromado. Cruzó las aguas y buscó novedades. Por suerte las encontró. Era otro idioma, el lugar de las fragancias la envolvía. Había encontrado más de un perfume, justo lo que precisaba. Y entre estos olores fue él quien se diferenció. Era distinto, la cuidaba, la mimaba…lo que ella había pretendido de aquel que se quedó estancado en el barrio, con el padre, con los amigos, pero en soledad. Él avanzó, claro, corsa bordeaux de por medio, el que le gustaba a ella. Casualidad o causalidad de ausencia. Pero no era gris, era bordeaux.
Si bien el océano los distanciaba, ella volvía. Una vez al año quizá, por la familia, por las abuelas, por las amigas, o por el sinsabor y sin-olor del suelo y del ambiente. Retornaba, pero no retrocedía.
El problema es que Argentina tenía su nombre, y la tentaba, y la mortificaba y la convertía en malvada. Porque lo engañaba, al bueno, al que la cuidaba. No era culpa masculina, tampoco era individual, así era. Sea quien fuese iba a ser cornudo, no había otra. Era el destino según ella. Y contra eso no hay traba posible, eso le había dicho al padre de su madre. Era inevitable.
La rueda giraba y giraba. Cumpleaños ausentes pero presentes a distancia. Recuerdos, imágenes e ilusiones que los unían.
Él nunca la reemplazó. Siempre estuvo solo. Una vez trató de hacerlo, pero no se lo creía. Yo tampoco. Se llamaba Loli, ja. No, esa soy yo, no podía cumplir dos roles. Estaba destinado al fracaso.
Mientras tanto, el perfume del otro ganaba terreno, hasta llegó a comprarlo. (…)
domingo, 30 de noviembre de 2008
Abre puertas a patadas (Capítulo I)
Publicado por CLARIBEL en 9:08 3 comentarios
jueves, 23 de octubre de 2008
Londres
La imagen penetraba en sus pupilas si ellas se esforzaban más de lo cotidiano. Era humo. Aún no podía develarse su procedencia, pero luego de algunos segundos el misterio concluyó. Era un cigarro el culpable de aquella escasa y artificial bruma. Decidida a cambiarle el rumbo a una rutina que la iba consumiendo de a poco como el fuego lo hacía con el tabaco y el papel, había abandonado su hogar para dirigirse a un bar, en soledad.
Durante las cuadras que caminó lo hizo bajo otro tipo de neblina, sensación que le traía a la memoria aquella capital a la que nunca pudo viajar. Esbozó una imperceptible sonrisa, que se acalló con la intromisión de la conciencia. Entonces, se puso a meditar en lo que había conseguido a lo largo de sus, para ella, largos años y en lo que todavía no había alcanzado, secundado por eso que cree nunca llegará.
Sin saber qué rumbo tomó, al mirar a su alrededor el ambiente había mutado: estaba sentada en una silla, mirando hipnóticamente aquel humo. Pero la atracción no provenía de ese gris aireado y airoso, sino de la mano que sostenía al responsable. Pero no lograba avistar el rostro. Así fue como, impedida a ver, se puso a pensar. Y cuestionó los velos que impiden llegar a las esencias. Recordó la niebla que oculta la ciudad, los ropajes del gentío, y los relacionó con el pánico.
Somos máscaras, sólo máscaras. Cuando tropezamos y una de ellas se derrumba, nada ocurre, pues debajo sostenemos otra. Si nos tomáramos al menos unos segundos para recorrer los espacios y rasgáramos con lentitud las paredes de nuestros edificios internos, descubriríamos que es sólo maquillaje. La ciudad adopta la actitud del hombre que la habita, es por eso que se esconde tras las nubes.
Ella lo había comprendido… ¿Y ahora? ¿Qué camino tomar? Dudaba. En “realidad” no creía poder vivir desenmascarada. Entonces, con más ánimo, sacó su labial y se dirigió rumbo al espejo más cercano.
Publicado por CLARIBEL en 5:16 3 comentarios
Etiquetas: Monumentos
lunes, 20 de octubre de 2008
Mostrame cómo sos
Como una caja fuerte cerrada con un candado para el cual nunca se confeccionó llave. Así somos a veces. Y nos perdemos en una interioridad que termina disolviéndonos en partículas efímeras e impalpables. Por eso, esporádicamente me pregunto: ¿Con qué objeto? ¿No somos en relación a los otros? Es difícil entender los mecanismos por los cuales se desenvuelven los disímiles seres humanos. Hay quienes buscan y tienen la necesidad intrínseca de conectarse siempre con otro, y están aquellos que en medio de la ciudad hacen un esfuerzo atroz por esquivar los cuerpos y las miradas de la muchedumbre.
En fin, no creo en los extremos, aunque sé que a veces los siento. Creo que esa cerradura está hecha para un alguien distinto (piénsenme incrédula, allá ustedes, me vanaglorio de mi ingenuidad. Me mantiene expectantemente esperanzada).
Pero es muy complicado dejarse ser en compañía, si somos maduros y conscientes lo es. Claro que podemos andar por los corredores del tiempo simulando sinceros actos con los otros, pero la verdad se nos desploma en un momento, ese en el cual nos leemos sin prejuicios ni miedos. Y a nuestra edificada personalidad se le derrumba la fachada, y develamos nuestra “realidad” (como lo irán notando con el correr de los signos, esta palabra me genera demasiadas controversias, por eso opto por entrecomillarla).
La vida está hecha para disfrutarla, y como vislumbré hace poco en una película que escarbó con esforzado detenimiento en mis profundidades, la verdadera felicidad no lo es si no es compartida. Entonces, dejame compartirte…dejame entrar…
Publicado por CLARIBEL en 7:47 2 comentarios
jueves, 16 de octubre de 2008
Con la Luna iluminando...
Publicado por CLARIBEL en 3:39 2 comentarios
miércoles, 15 de octubre de 2008
Quiero invitarte a conocer la vida que imaginé
Arriba, aire azul turquí, abajo tierra verde esmeralda. Este paisaje era el que usurpaba sus ojos. Decidida a realizar su primer movimiento, adelanta su pie derecho (por las dudas, no sea cosa que tenga un mal día por cuestiones físicas). Al inhalar, sentía una rejuvenecedora brisa impregnarse en sus adentros, y eso que tenía tan solo 13 años. Pero por cuestiones biográficas, así era. A lo lejos, comienza a escuchar esos ansiados pasos. Baja un poco la cabeza y alisa su vestido. Gira 90 grados y se vislumbra en un gran charco claro. El revoloteo de las alas en la panza comienza a acrecentarse, tal es la velocidad que adquiere, que logra crear un zumbido sórdido y constante.
El ruido comienza a acompañarse de cierta nebulosa imagen, una sombra distante. Pero con el correr de las agujas, la mancha se torna mínimamente perceptible. De forma geoide pasa a masculina.
“¿No? Hey, Julieta, te pregunté algo”, suelta la profesora de Matemática. “¿Sabés o no el valor de Pi?", agrega ante el despiste de la alumna. Se escuchan ruidosas carcajadas de fondo. “No profe. ¡No se olvide que está hablando con la Bovary!” dice un muchachito.
Al escuchar ese apellido, Julieta recupera su mirada y la baja para fijarla en su cuaderno, sonrojada. Y en su cabeza resuena y retumba el apellido de la heroína de Gustave Flaubert. Una vez más, como casi todo el tiempo, había viajado inmóvil. Y lo había inventado, como añoraba, como siempre, como nunca…
Publicado por CLARIBEL en 6:10 2 comentarios
viernes, 5 de septiembre de 2008
La pastilla del después
Arranca la línea del pensamiento…y los condicionales se suceden cual torrente. Las barreras que delimitan el ser del parecer se esfuman en humaredas. Sin poder, nos trasportamos a no lugares imaginables, diciendo discursos impronunciables a aquel fantasma, que a pesar de su condición, percibimos con los cinco sentidos. Excusas, mentiras malintencionadas, palabras huecas, f o n e m a s
Entonces es tiempo de encontrar un remedio. Los hay en mil tamaños, colores y hasta sabores. Sus componentes: ácido propiónico, diazepam, clonazepam, entre otros. Resulta de mi preferencia aquel compuesto por millones de caracteres que cuando me lo suministro, logra llevarme consigo a aquellos lugares en donde encuentro ficticia calma. Es que hay veces en que, a pesar del dolor provocado, es saludable aceptar que nos entusiasma mucho más la otredad que la cotidianeidad.
Publicado por CLARIBEL en 8:37 3 comentarios
Etiquetas: Antídotos

